• Marcelo Rozas Garay

Superar odios y sumar esfuerzos para construir la paz


Del fracaso de la Sociedad de las Naciones como organismo multilateral que no pudo evitar la 2da Guerra Mundial, deviene un nuevo consenso de la comunidad internacional que permite crear a la Organización de las Naciones Unidas, un organismo integrado por estados que con distintos mecanismos aspira y apuesta a un convivencia en paz de las naciones que lo integran.


Un organismo que no resuelve mágicamente los problemas de la convivencia en paz, sino que su eficacia descansa en la buena voluntad de las naciones y en la comprensión de que la paz es un bien a construir por toda la humanidad. La paz se construye a partir de voluntades que superan odios y suman esfuerzos; que buscan un equilibrio justo entre demandas opuestas y diferencias.


Asistimos hoy a una escalada de violencia armada en Medio Oriente donde grupos terroristas, ajenos y perturbadores de estas reglas de convivencia usan como escudo propio a la comunidad que dicen defender. Un terrorismo con capacidades militares que no duda en determinar como blanco militar a la población civil del estado de Israel a quien considera su enemigo.


“... terrorismo es el intento de lograr un cambio político, social, económico o religioso por el uso o la amenaza de violencia contra personas y propiedad.” (B. Taylor Wilkins).


El terrorismo por definición y en esencia no busca la paz sino que, contrariamente, genera y recurre a hechos violentos contra la población como método político para lograr sus objetivos. Busca destruir y no construir, busca intimidar e infundir terror a la población. El accionar violento y hoy militarizado del terrorismo requiere una respuesta indubitable desde el estado, empeñando todo su potencial para proteger no solo su población sino también a la que el terrorismo usa como escudo


La comunidad internacional debe condenar severamente a quienes producen terror y a aquellos estados que conscientes o inconscientemente apoyan, albergan y/o toleran grupos armados en sus territorios.


La construcción y convivencia en paz también requiere que los estados que recurren al uso legítimo de la fuerza para la defensa de su población y de sus intereses lo hagan en un marco del respeto de la carta de Naciones Unidas y en el ejercicio de su defensa, eviten efectos colaterales en la población inocente que también es víctima invisible del terrorismo.



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